El estilo de vida repercute en todos los aspectos y por supuesto, en la fertilidad y embarazo.

Como seres humanos, tenemos una función vital, más importante en el conjunto de la especie que cualquier otra, y es reproducirnos, asegurar la continuidad de nuestra especie.

La magia de la vida

Sin embargo, cada día son más las personas que ven entorpecida esta tarea por causas a las que no se encuentran explicación. Se sabe que en los últimos 50 años las tasas de fertilidad han caído. Esto puede explicarse por varios motivos: incorporación de la mujer al mundo laboral, dificultad de las familias en la conciliación laboral, intentar tener hijos en edades más avanzadas… Sin embargo, entre 1996 y 2002, en EE.UU. el número de procedimientos de reproducción asistida aumentaron en un 78% (estudio).

Creo que para cualquier mujer en torno a los 30 años no le será difícil tener conocidas o haber vivido periodos de infertilidad o episodios de abortos involuntarios.

A día de hoy, la OMS define la infertilidad como la incapacidad de lograr un embarazo después de 12 meses o más de relaciones sexuales no protegidas. Además de esto hay que tener en cuenta la alta incidencia de pérdidas embrionarias ocultas (abortos que ni siquiera llegamos a percibir) y abortos clínicos (abortos que suceden cuando la mujer ya sabe que está embarazada).

Dicho esto, creo que hay un problema creciente con las tasas de fertilidad y embarazo, y todo apunta al estilo de vida actual como un factor determinante. Ésto es un dato conocido por los profesionales de la salud, pero sin embargo parece que no llega a la población general, o que no se le da la importancia necesaria, máxime cuando un cambio en el estilo de vida debería ser el primer paso a realizar, antes de reproducción asistida, primero, porque sus beneficios se extienden más allá de la simple reproducción, y segundo porque no tiene ningún efecto negativo asociado.

El Nacional Institute for Health and Care Excellence (NICE) ya indica una serie de recomendaciones entre las que se incluyen, por ejemplo, informar a mujeres con obesidad que es probable que tarden más en concebir, que perder peso aumenta sus probabilidades de concepción, que la participación en programas de ejercicio físico y asesoramiento dietético conducen a más embarazos y que los hombres con obesidad es probable que tengan una fertilidad reducida (más información aquí).

A nivel evolutivo, estos problemas para reproducirnos tienen bastante sentido. Nuestro cuerpo lucha por la perpetuación de la especie, pero antes de reproducirnos hay una prioridad: Nuestra propia supervivencia. Es sabido que mujeres con un porcentaje de grasa muy bajo sufren amenorrea (se les retira la menstruación). Ojo! hablo de mujeres con un porcentaje de grasa muy muy bajo, que puede ser debido a transtornos alimenticios, enfermedades, mujeres que compiten en culturismo y llegan a un porcentaje de grasa mínimo para competiciones, etc.., no mujeres delgadas sin más, esas mujeres no tienen ningún problema. En este caso, nuestro cerebro interpreta que estamos en una época de escasez de alimentos, y si no tenemos alimentos para sobrevivir, claramente no es el mejor momento para traer niños al mundo.

De igual manera, mujeres con sobrepeso y obesidad también suelen tener problemas de menstruaciones irregulares. Para mi viene a ser un poco lo mismo, bastante tiene el cuerpo con luchar por nuestra propia supervivencia (porque sí, el comer mal, el sobrepeso, no tomar el sol, el sedentarismo, el estrés, etc…van más allá del físico…si los sufres, tu cuerpo está enfermo) como para ponerse a pensar en la reproducción.

Si te pones a buscar estudios, vas a encontrar infinidad en los que se llega a la conclusión de que sobrepeso, tabaquismo, alcohol… y fertilidad y tasa de embarazos van de la mano. Nos vas a encontrar ninguno que diga lo contrario (o al menos yo no lo he conseguido después de una búsqueda exhaustiva):

Y no, no sólo hablamos de problemas en mujeres con obesidad, sino que también se han demostrado riesgos significativos en mujeres con sobrepeso (estudio).

Este estudio me parece muy interesante, ya que se realiza un seguimiento a mujeres con obesidad sometidas a una estrategia para la pérdida de peso, y se comprueba que al pasar de un estadio a otro sus niveles hormonales cambian, por lo que la obesidad está ligada a un desequilibrio hormonal, aunque se tenga una menstruación regular.

Pero no sólo hablamos de sobrepeso. Podemos ver como niveles adecuados de vit. D (que se deberían conseguir a través de una adecuada exposición solar) mejoran los resultados en fertilización in vitro y en mujeres con síndrome de ovario poliquístico (estudio). También hay mayores tasas de embarazo ectópico y menores tasas de nacidos vivos en mujeres fumadoras (estudio).

Pero si aún así te quieres someter directamente al tratamiento in vitro sin pasar primero por cambiar tus hábitos, debes saber que el índice de masa corporal también está relacionado con la efectividad de dichos tratamientos, dándose peores resultados en mujeres con obesidad (estudio)
Pero ojo, que los hombres también tienen su parte.

En un reciente metaanálisis en el que se evaluaban 114 estudios, se podían obtener algunos de estos resultados:

Por último, estrés psicológico, correlaciona con niveles hormonales anormales y niveles más bajos de testosterona.

Lo bueno, varios de estos factores pueden ser reversibles y en los estudios se observan mejorías en todos los parámetros vistos con sustitución del estilo de vida.

Hay muchas cosas que están en nuestra mano, otras no, pero…¿Por qué no intentarlo todo para conseguir lo que más deseas?

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