La felicidad, como casi todo, tiene un sentido evolutivo. Nos indica que todo va bien en nuestra vida, que podemos estar relajados y tranquilos.

 

Cuando esto es así, podemos centrarnos en mejorar nuestras habilidades, nuestra inteligencia, en realizar actividades de crecimiento personal, en jugar, en tener relaciones profundas…Y esto, a su vez, aumenta nuestra felicidad.

 

Es la rueda que nunca para de girar.

 

Es intuitivo para las personas pensar que la felicidad es un estado que se tiene o no se tiene, porque rara vez reflexionamos sobre nuestras emociones, simplemente las sentimos y las aceptamos o no.

 

Pero la felicidad no es un estado sin más, es un aprendizaje, una construcción que hemos realizado a lo largo de nuestra vida, en el que influye nuestra genética, nuestra epigenética y nuestra ontogenia.

 

Los porcentajes varían en los estudios y obviamente es imposible medirlo con seguridad.

No podemos cambiar la genética, pero si podemos centrarnos en los otros aspectos que repercuten.

 

Es, principalmente, nuestra propia personalidad la que nos va a impulsar a dar un valor u otro a las cosas que nos suceden, a buscar un tipo de recompensas u otras en nuestras relaciones sociales, a tener determinado tipo de afiliaciones (más profundas o superficiales), a buscar un trabajo u otro.

 

Todos ellos son factores determinantes de la felicidad, pues, aunque la felicidad es subjetiva en parte (nuestra visión del mundo es un reflejo de nuestra personalidad), también es objetiva, y sabemos que hay componentes comunes en todas las personas que se declaran felices.

 

Hablaríamos principalmente de tener un propósito o significado en la vida, una meta que guíe nuestro camino en una dirección concreta.

¿QUÉ ES IMPORTANTE PARA TI EN LA VIDA?

Hablaríamos de relaciones sociales de afiliación.

 

FAMILIA, AMIGOS, PAREJA..

 

Hablaríamos de encontrar un estado de fluidez, un tipo de actividad que te permita centrarte en una habilidad concreta y te deje absorto, que te rete pero que no sea complicada en exceso.

 

Hablaríamos de placer, de puro hedonismo o de placer propositivo, siendo ideal y necesario una mezcla de ambos.

 

Sin embargo, es importante no confundir placer y satisfacción inmediata con felicidad (que sería más una valoración global de nuestra vida), pues es posible sentir placer sin facilidad, aunque parece necesario sentir placer para ser feliz.

 

Hablaríamos, por supuesto, de tener cubiertas nuestras necesidades básicas. Esto es imprescindible, aunque exista la idea romántica de la felicidad a pesar de las adversidades, pues nuestro cerebro está programado para buscar el placer a través de señales positivas, pero sobre todo, para evitar el dolor a través de la anticipación de señales negativas.

 

Si sentimos señales negativas, nuestro sistema de estrés secuestra al cerebro y lo empuja hacia conductas de seguridad o retirada.

 

No hay tiempo para juegos, tenemos que sobrevivir.

 

El problema es que a veces esas amenazas no son reales.

 

Hablaríamos luego de otros factores que también influyen como el trabajo, la autonomía, el dinero, la conexión espiritual…

 

Algunas cosas que influyen en nuestra felicidad serían:

La inteligencia, que está relacionada con mayor felicidad. 

La sabiduría, más que la inteligencia. Tener una visión del mundo más compasiva y justa y aprender a monitorizarnos y hacer una evaluación sobre nosotros y sobre nuestros actos.

 

Las expectativas que tenemos sobre la vida. Deseos inflados que son imposibles cumplir nos llevan a un estado continuo de insatisfacción.

 

Nuestro autoconcepto, el papel de nosotros mismos que ocupa nuestra mente. 

 

Nuestra autoestima. Los sentimientos que tenemos hacia nosotros mismos. Tenemos que sentirnos satisfechos con lo que somos y sobre todo, con lo que hacemos en la vida. 

 

Un ego inflado, es siempre un problema. Vivir en el yo continuamente, sin darnos cuenta de que sólo somos uno más en el mundo y de que nadie gira alrededor de nuestro concepto y nuestras necesidades, es importante para no vivir en un autoengaño que sólo nos genera frustración.

 

Sentirnos motivados a seguir creciendo y buscando la felicidad.

 

Hay muchas personas, a día de hoy, que se sienten infelices. Porque la felicidad no es fácil, ni rápida.

 

La felicidad es un trabajo diario. Habrá quien tenga un mayor o menor componente genético y habrá quien lo tenga más o menos fácil por las circunstancias que se le han presentado en la vida, el tipo de educación recibida, su propia personalidad que ya viene en parte determinada…Sin embargo, todo el que quiera ser feliz tiene que trabajar en ello.

 

En un mundo enfocado al hacer, y no al sentir, a encontrar recursos y soluciones rápidas para todos nuestros problemas y al ensalzamiento constante del ego, es difícil para muchas personas priorizar el tiempo para construir su felicidad.

 

Entender que la felicidad está ahí, al alcance de tu mano, a través de tu trabajo, sería el primer paso.

Y como sabemos que la información sin actuación es poco efectiva, sentirla sería el siguiente paso.

 

Trabajar en encontrar un propósito en su vida, algo alineado con tus valores,  y convertir ese propósito en un objetivo y en pequeños retos que alcanzar día a día.

 

Logros al alcance de tu mano, que te reporten satisfacción y placer. Orgullo por el trabajo bien realizado.

 

Encontrar las cosas que en tu día a día te pueden reportar placer, puro hedonismo, a nivel intelectual y sensitivo.

 

Hay personas que viven en la anhedonia continua y necesitan empezar a experimentar ese placer ya.

 

Equilibrar el placer propositivo y el placer hedónico. Comprender que algunos actos que nos reportan placer a corto plazo, a veces son perjudicial a largo plazo y hacer una selección inteligente de ellos.

 

Trabajar en valorar, sentir y agradecer todas las pequeñas cosas que pueden contribuir a nuestra felicidad:

 

¿Qué trabajo tienes?, ¿de que personas te rodeas?, ¿estás demostrando tu amor a las personas que quieres?, ¿tienes comida, techo, integridad física?…De todo esto, ¿qué te sirve o qué no te sirve? ¿qué está en tu mano cambiar o mejorar?

 

Buscar actividades que me proporcionen un estado de fluidez y de conexión espiritual, más allá de tu trabajo.

 

Al igual que el dinero no llueve del cielo, el amor de las personas no es infinito y la motivación no surge espontáneamente de la nada…La felicidad no viene por si sola. Todo en la vida depende del uso que hagamos de nuestros recursos y capacidades.

 

La felicidad está a nuestro alcance, casi siempre.

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