Antes de hablar de la programación genética de nuestro bebé en el embarazo, debes saber que hay toda una historia que ha sido escrita en nuestros genes durante tres mil millones de años de evolución biológica.

 

El genoma es como un libro en el que no se borra nada de lo que esté ya escrito y se van añadiendo continuamente más y más párrafos.

 

Somos nuestros antepasados.

 

De hecho, el 99% de nuestros genes son idénticos a los del chimpancé, a pesar de que nos separamos de ellos hace 6 millones de años.

 

Hoy te quiero contar una cosa interesante que sucede con nuestros hijos cuando aún están en el útero y que va a afectar a su relación con la comida.

 

Pero antes debemos refrescar unas cuantas cosas…

LA SUPERVIVENCIA COMO OBJETIVO FUNDAMENTAL DE NUESTRA CONDUCTA

La supervivencia es el objetivo fundamental de nuestra conducta. No estamos en el mundo para pasarlo bien, ser felices, sentirnos realizados…

 

Estamos aquí para sobrevivir y reproducirnos.

 

El ser humano es consecuencia de millones de años de evolución biológica.

 

Nuestros genes han evolucionado adaptando nuestro organismo a las diferentes formas de alimentación a la que nuestros antepasados se vieron sometidos.

 

Conforme nos exponíamos a diferentes alimentos, nuestro organismo se iba habituando a ellos.

 

Por ejemplo, conforme nos exponíamos a los lácteos, nos íbamos adaptando a ellos, pero aún no estamos 100% adaptados y por eso hay personas que siguen siendo intolerantes a la lactosa.

 

Y es que debemos saber que esta habituación es muuuuuuuy lenta.

No sólo nos adaptamos a la alimentación, si no el resto de las cosas a las que llamaríamos “ambiente”.

El problema es que esa alimentación y ese ambiente en general, ha cambiado drásticamente en los últimos años:

 

Han cambiado:

 

  • Nuestra cantidad y, sobre todo – calidad- de movimiento diaria.
  • Nuestra cantidad y, sobre todo – calidad- de relaciones sociales.
  • Nuestra exposición solar.
  • Nuestro respeto a los ciclos de luz y oscuridad que el sol nos marcaba.
  • Nuestro descanso.
  • Nuestra exposición a estímulos (frío, calor, naturaleza, patógenos…)

 

Nuestra fisiología y nuestro cerebro se han desarrollado durante millones de años para facilitar nuestra adaptación al medio.

Como decía, necesitamos asegurar nuestra supervivencia, y no hay nada que asegure más nuestra supervivencia que comer.

 

Tendemos a despreciar nuestros genes o despreciar nuestro exceso de motivación por la comida (ya sabes, no puedes evitar comer todo lo que comes o no tienes fuerza para decir NO a esas galletas del armario), pero la realidad, es que tu cerebro te está intentado ayudar.

 

Es como esa madre que quiere arroparte, aunque no tengas frío.

 

Te quiere cuidar, pero igual te está fastidiando.

 

Pues el cerebro igual, te quiere cuidar, pero te está haciendo la puñeta.

 

Y es que él, sigue pensando que vives en un entorno muy diferente. Piensa que vives en plena naturaleza, que no tienes un acceso constante a alimento.

Los datos que se poseen actualmente demuestran que el hombre evolucionó desde un antecesor primitivo, tras la acumulación de cambios muy pequeños a lo largo de 10 MILLONES DE AÑOS.

Recuerda: Todo cambio genético es muy muy lento.

 

Desde entonces, hemos vivido prácticamente en las mismas condiciones: Comida que encontrábamos en el medio natural, movimiento, exposición solar, relaciones sociales…

 

Hasta hace 12000 años, cuando tuvo lugar la revolución agrícola y con ella un importante cambio de paradigma.

 

Y el cambio drástico sucedió hace 200 años, con la llegada de la revolución industrial.

 

Desde entonces, todo ha sido una carrera de fondo en la que el ambiente ha cambiado de manera desproporcionada y desde luego, de manera nada equiparable al cambio de nuestros genes.

HABLEMOS DE GENES

«No es el más fuerte de las especies el que sobrevive, tampoco es el más inteligente el que sobrevive. Es aquel que es más adaptable al cambio».
Darwin

Un gen es un fragmento de nuestro ADN que se expresa formando proteínas.

 

La epigenética se refiere a todos los procesos que modifican la expresión de esos genes y que marcan una diferencia.

 

Un ejemplo muy bueno que leí hace tiempo es el siguiente:

 

Imagina un libro que ha escrito un autor. El libro serían nuestros genes. Está escrito igual para todo el mundo, sin embargo, tu interpretación del libro será tu epigenética.

 

La epigenética va a cambiar el significado al libro. Quizás para ti será aburrido, para otra persona sea dramático o para otra sea el mejor libro de su vida.

 

De la misma forma suceden las cosas en nuestro organismo. Los mismos genes en 2 personas diferentes, se pueden expresar de manera muy diferente.

 

Por ejemplo, en estudios con gemelos (mismos genes) pero criados en ambientes diferentes, se pueden ver repercusiones diferentes.

Efectivamente: los genes cambian muy despacio – el ambiente cambia muy rápido y no le estamos dando tiempo a adaptarse.

TODO ESTE LÍO EMPIEZA, EN REALIDAD, ANTES DE NACER

En las elecciones alimentarias influye la biología – influye el ambiente e influye la psicología.

 

Hay estudios que apunta a un origen poligenético de la obesidad (es decir, muchos genes implicados).

 

Y estos genes podrían ser maximizados a través de un ambiente desadaptativo (el mundo en el que vivimos. Ya sabes, los procesados, la publicidad, los chinos en cada esquina…)

 

¿EXISTEN GENES DESADAPTATIVOS?

Si, los hay.

 

¿EXISTEN GENES DE LA OBESIDAD?

Sin duda, los hay.

 

Y todo el que se empeña en decir por internet que la voluntad lo es todo, que querer es poder y cosas por el estilo, peca de simpleza.

 

Las frases motivadoras a veces no motivan ni ayudan nada.

 

¿O es que no conocemos todos al típico amigo que come como si no hubiera un mañana y está más flaco que una escoba?

 

Lo que no quiere decir que esté sano para nada, pero probablemente, no tiene muchos genes de la obesidad.

 

Sin duda, existen genes de la obesidad. Hasta la fecha existe más de un centenar de genes que han sido asociados a la obesidad.

 

Pero como te comentaba, estos genes pueden expresarse o no.

 

¿Qué nos dice esto? Que los problemas de alimentación son muy complejos y debemos buscar soluciones complejas y adaptadas a cada individuo particularmente. Los consejos estándar no sirven.

 

Por un lado, no podemos culpar de todo al ambiente obesogénico, porque, por ejemplo, en estudios se ha visto que los índices de obesidad son más parecidos entre gemelos que entre hermanos (aun compartiendo el mismo ambiente).

 

Tampoco podemos culpar de todo a la genética, pues en estudios en tribus indígenas como los indios Pima, donde algunos descendientes han emigrado a zonas más civilizadas, se ve que los que continúan viviendo en zonas más montañosas tienen índices de obesidad que rondan el 10% y los que viven en ambientes similares al nuestro tienen índices de obesidad que rondan el 70%.

 

Es decir, que los genes que predisponen a la obesidad existen, pero la mayoría de las veces, necesitan un ambiente que predisponga a su expresión.

 

Este ambiente se encuentra fácilmente en el mundo en el que vivimos, pero obviamente podemos minimizar su impacto.

PROGRAMACIÓN UTERINA

Bueno, un aspecto interesante es que la expresión genética ya sucede durante el embarazo.

 

Es decir, que más allá de los genes que transmitimos a nuestros hijos, podemos influir en la expresión de algunos de esos genes mediante nuestro estilo de vida.

 

Por ejemplo, una nutrición insuficiente en el embarazo se asocia a bebés de bajo peso al nacer, pero, curiosamente se ve que después, esos bebes, desarrollan sobrepeso.

 

Esto, a nivel evolutivo podría ser porque los genes se preparen ante esas señales de escasez para un ambiente que parece (pero no es) de escasez alimentaria.

 

Exceso de peso en el embarazo también reporta mayor porcentaje de bebés con sobrepeso y predisposición a desarrollar obesidad.

 

Hay estudios realizados con ratones en los que se ve como crías de madres que consumen comida basura nacen con mayor grasa, menor fuerza y diferentes patologías, lo que nos lleva a plantear que una exposición temprana (en el embarazo) a comida procesada tiene un efecto de programación neurológica y endocrina para el feto.

 

Estudios también han demostrado como un aumento de glucosa e insulina en sangre durante el embarazo regulan la expresión de genética en el hipotálamo fetal y el hipotálamo fetal se encargará posteriormente de regular el equilibrio energético del bebé.

 

El estrés de la madre también conlleva cambios epigenéticos que repercuten en el metabolismo y la conducta de sus hijos.

 

Por tanto, nuestros niños ya nacen con una serie de genes que pueden estar o no estar implicados en la conducta alimentaria.

 

También nacen con una programación neurológica y fisiológica que se ha desarrollado en el útero y que afectará a su conducta alimentaria.

¿QUÉ PODEMOS SACAR DE TODO ESTO?

Bueno, como he dicho, es muy frívolo hablar de falta de voluntad entre personas con genética y posibilidades diferentes.

 

Obviamente que la genética predispone y es muy posible que su peso en nuestra conducta alimentaria sea mucho más fuerte de lo que pensamos.

 

Pero también sabemos con seguridad que el ambiente en el que estos genes se desarrollan tiene su peso y dichos genes no tienen necesidad de expresarse.

 

Modificar el ambiente si es algo que está en nuestra mano (en parte), aunque no sea sencillo.

 

En parte porque vivimos en el mundo que vivimos y hay cosas que no podemos cambiar (No nos vamos a poner un taparrabos e irnos a la jungla).

 

El burguer, la tienda de comestibles y la publicidad van a seguir ahí.

 

Pero podemos trabajar en mejorar nuestra alimentación en la medida de lo posible, podemos trabajar en los alimentos que entran en casa, podemos trabajar en los alimentos que ponemos a disposición de nuestros niños, podemos trabajar en el valor que le damos a la comida.

 

Recuerda que no sólo transmitimos a nuestros hijos nuestra genética, también la posibilidad de que esos genes se expresen de una manera u otra, transmitimos nuestras creencias y nuestro estilo de vida, transmitimos nuestra personalidad y nuestros aprendizajes, transmitimos nuestras creencias.

 

Hay mucho margen de maniobra.

 

Por otro lado, también quería hablar de la genética para hacer un llamamiento a la racionalidad: Debemos dejar de tener expectativas tan altas sobre nuestro físico y el de nuestros hijos.

 

Está bien querer mejorar y sacar nuestra mejor versión, no seré yo quien discuta eso, pero también tenemos que entender que somos sustancialmente diferentes.

 

A mí me gustaría medir un metro setenta, pero soy un taponcillo y me tengo que aguantar. A nadie se le ocurriría discutir eso.

 

Y hay quien será más delgado y quien será más relleno, y no podemos medir la salud a través de la vara del físico, ni a través de una báscula, porque es simplemente ridículo y ficticio y muy muy frustrante para muchas personas.

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