Se me ha ocurrido poner en Google: “alimentación en el embarazo” y he encontrado cosas altamente ridículas.

 

Sobre todo, me ha hecho gracia un artículo en el que te indicaban exactamente lo que tenías que comer en cada trimestre del embarazo (en serio, no es necesario cambiar la alimentación cada trimestre).

 

En el embarazo se debe comer sano, al igual que en todas las etapas de la vida, y sólo debemos tener en cuenta algunos matices sobre nutrientes específicos que pueden ayudarnos.

 

La verdad, es que, en un mundo ideal, ni siquiera me preocuparía especialmente de considerar ningún nutriente. Toda la vida se ha comido en el embarazo sin tantas “indicaciones” y “consejos” y los niños han salido sanos y felices.

 

Sabemos de muchas tribus que viven en entornos naturales, de una forma más coherente con lo que nuestros genes necesitan, llevando dietas totalmente dispares, y en todas, la salud de los niños al nacer es buena.

 

Pero es verdad que no vivimos en un mundo ideal.

Vivimos en el mundo de los procesados, de la excesiva disponibilidad alimentaria, del estrés, de la soledad, del tabaco, del exceso de medicación, del hacer mucho y descansar poco…

 

Y todo ese cúmulo de cosas si puede debilitar nuestro sistema inmune. Así que no está de más mimarlo y prestarle especial atención en este periodo tan importante.

 

Pero vamos, que, si no sufres ninguna de las cosas que he mencionado anteriormente, no deberías preocuparte demasiado.

La alimentación en el embarazo debe ser basada en productos frescos: verduras, tubérculos, carnes, pescados, huevos, legumbres, frutas.

 

Con una base de verduras en cada comida principal. O bueno, repártelo cómo tu quieras, pero al final, ten en cuenta que la base de tu alimentación sean verduras.

 

Además, debe ser una dieta adaptada al as preferencias alimentarias de cada madre: habrá mujeres que coman más pescado, otras que coman más carne, otras que coman más legumbres. Totalmente individualizado.

 

También debe ser un momento para evitar contaminantes o metales pesados: tabaco, peces muy contaminados, aditivos.

Sobre todo, debe ser un momento para disfrutar y estar tranquila, y para aprender a escucharte y adaptarte a las necesidades de tu cuerpo (que en este periodo pueden ser muy cambiantes.)

 

En otro artículo hablaré de recomendaciones específicas, pero en esta ocasión voy a hablar de mitos que me parecen un sin sentido.

HAY QUE COMER POR 2

No hay que comer ni por 2, ni por 3, ni por nada. Hay que comer según las sensaciones de hambre y saciedad de mamá.

 

Es cierto que el tipo de dieta que llevamos actualmente puede hacer que muchas personas tengan totalmente desregulados sus sistemas homeostáticos y coman por muchos motivos que van más allá del “hambre fisiológica”, pero aun así el embarazo no es el mejor momento para empezar a hacer experimentos.

 

Lo que es seguro es que nunca hay que comer más de lo que nuestro cuerpo nos dicta. Si no tienes hambre, no te obligues a comer.

HAY QUE ENGORDAR UN DETERMINADO NÚMERO DE KG.

No. Basta ya de esto.

 

No hay evidencia científica de que haya que engordar más o menos kg. Hay guías clínicas, pero las guías clínicas no son evidencia científica, son opiniones.

 

En la práctica real hay mucha diversidad y conozco a mujeres que han cogido 20 kg. y luego lo han perdido sin problema y sin hacer ningún tipo de dieta. De la misma forma, conozco a mujeres que han cogido muy poquitos kg. y han llevado un embarazo estupendo.

 

Aunque la mujer estuviera engordando “mucho” (y repito que nadie sabe lo que es mucho) no se pone nunca a dieta a una mujer embarazada por lo motivos que detallo en este artículo. Lo único que tenemos que hacer es mejorar la calidad de nuestra alimentación.

El estrés que sufren muchas mujeres por coger o no coger peso no hace ningún bien a madre ni bebé.

HAY QUE HACER 5-6 COMIDAS AL DÍA

No hay evidencia científica de que hacer más o menos comidas en ningún periodo de la vida sea mejor.

 

Es más, la evidencia apunta a que lo recomendable es hacer menos comidas. El ayuno intermitente es una herramienta interesante para mejorar nuestra salud, evolutivamente estamos preparados para realizar menos comidas y, además, nuestro sistema digestivo necesita tiempo de reposo y limpieza que no le estamos dando.

 

Comer más veces no es mejor.

¿Y comer menos veces?

 

Como he dicho, comer menos veces tiene sus ventajas, pero precisamente en el embarazo no me parece el mejor momento para hacer muchos experimentos.

 

No porque le vayas a hacer ningún daño al pequeño, sino porque realizar cambios en la dieta puede suponer un estrés importante para muchas personas y en esta etapa hay que estar tranquila.

 

Mi recomendación: De nuevo, sigue tu instinto y escúchate. Come las veces que consideres necesario y cuando tengas hambre.

 

Es cierto que, en el embarazo a nivel práctico, muchas mujeres prefieren comer más comidas y menos cantidades, porque hay molestias digestivas, náuseas, etc… y repartir las comidas de esta forma puede ayudar.

 

También es común que el hambre aumente y por eso venga bien comer más.

 

Así que…escúchate y no te impongas horarios.

HAY QUE COMER 50% DE HIDRATOS DE CARBONO, 30% DE PROTEÍNAS, 20% DE GRASAS

Para nada. Sin evidencia científica de que este reparto sea mejor o peor en ninguna etapa de la vida.

 

Como decía al principio: Hay diferentes poblaciones, con diferentes dietas y diferentes repartos de macronutrientes y todas con un estado de salud admirable.

 

No somos robots, somos seres humanos y no comemos macronutrientes, comemos alimentos.

 

Haz el reparto que mejor se adapte a tus preferencias alimentarias.

HAY QUE CONSUMIR CEREALES EN CADA COMIDA

Cereales son el grano del trigo, espelta, cebada, arroz, avena, mijo, etc…o sus derivados: pan, pasta, rosquillas, procesados, fideos, etc…

 

Los cereales es el alimento que más se asocia a los hidratos de carbono.

 

Sin embargo, hay otros alimentos que también son altos en hidratos de carbono y que son mucho más interesantes a nivel nutricional que los cereales: las verduras y las frutas.

 

También las legumbres y los tubérculos.

 

Dicho esto, aunque la ridícula pirámide alimentaria española pone los cereales en su base, no hay evidencia, ni coherencia que sostenga ese dato.

 

Se pueden consumir cereales en su formato más natural posible (grano entero) como complemento de la dieta y no como base de la dieta.

 

Los cereales no te van a aportar nada que no te aporten el resto de los alimentos y un exceso en su consumo va a desplazar el consumo de alimentos más interesantes.

 

Resumo: Consúmelos si te gustan y te apetecen como complemento, nunca como base, y no los consumas si no te interesan, tampoco te pierdes nada.

NO SE DEBEN CONSUMIR GRASAS SATURADAS

Como decía, no somos robots, somos seres humanos, y no comemos “grasas saturadas” comemos alimentos.

 

Hay muchos alimentos que son altos en grasas saturadas y son perfectamente saludables, como aguacate, coco, huevos, aceite de oliva, carne.

 

Este miedo a las grasas saludables ya debería haber pasado hace mucho tiempo a la historia porque la ciencia ha demostrado que el consumo de dichas grasas a través de alimentos frescos no produce mayor riesgo cardiovascular.

 

El problema es que la mayoría de las grasas saturadas que se consumen en nuestra dieta provienen de alimentos procesados: galletas, bollería, precocinados, snacks.

 

Además, las grasas es uno de los nutrientes más importantes para el equilibrio hormonal, tan importante en esta etapa.

 

Muchas mujeres llevan dietas muy bajas en grasas por miedo a engordar y eso es un problema.

 

Come grasas procedentes de alimentos frescos y en su formato natural sin problema.

CONCLUSIONES FINALES:

Escucha a tu cuerpo, olvida la báscula y céntrate en llevar una alimentación rica en alimentos frescos con una buena base de verduras.

 

Reparte las ingestas según te lo pida el cuerpo y come la cantidad que necesites.

 

Limita lo máximo posible cualquier alimento procesado (tampoco te va a pasar nada por darte un capricho de vez en cuando).

 

Lleva el tipo de dieta que se adapte mejor a tus preferencias alimentarias dentro de las alternativas saludables que existen.

 

Y, sobre todo, disfruta este periodo y aprovéchalo para mejorar en la medida de lo posible, no para estresarte.

 

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