Permíteme que sea directa y empiece por lo fundamental.

 

Tu hijo no es ni buen comedor, ni mal comedor.

 

Tal cosa no existe. Se trata de una burda excusa que nos hemos inventado los adultos para justificar una situación que no comprendemos y que se nos escapa de las manos.

 

Normalmente este juicio está basado en 2 situaciones:

 

Nº1: Tu hijo come poca cantidad de comida ó

Nº2: Tu hijo rechaza alimentos sanos.

 

En el primer caso no me voy a detener mucho porque es tan sencillo como explicarte que no existe absolutamente nada que se le parezca a una “cantidad de comida adecuada”.

 

Por mucho que las guías alimentarias que circulan entre “páginas de referencia” y de la que se hacen eco incluso muchos profesionales se empeñen en calificarnos de robots programados en vez de seres humanos complejos con necesidades individuales que necesitan una cantidad determinada de calorías al día.

 

Eso está bien para los coches, no para las personas.

 

El cuerpo humano tiene un grado de complejidad tal y es afectado por tantísimas variables imposibles de tener en cuenta que jamás podremos decir que cantidad de calorías necesita una persona para estar bien.

 

No hay estudio científico que haya podido determinar eso nunca, por favor, que no te engañen.

 

Y, hablando desde mi experiencia personal tratando a cientos de familias (mi pequeño laboratorio de aprendizaje, diría yo) te puedo decir que he podido constatar sin duda alguna que hay niños que están “alimentados” con 2 bocados y niños que están “alimentados” con platazos de comida mayores que los de sus padres.

 

He conocido niños que con la misma edad, misma vitalidad y misma alegría necesitan cantidades de comida muy diversas.

 

Y eso lo he podido constatar porque los he observado sin juicio, sin interponer un estándar de “cantidad aceptable” y sin la preocupación y las dudas que muchas veces nos surgen a madres y padres sobre si estaremos cuidando bien a nuestros pequeños.

 

No he usado métricas ni percentiles ni pesos de ningún tipo.

 

Sólo me he molestado en observar si ese niño es feliz, si juega, si tiene vitalidad (bueno, más bien en alentar a sus padres a que lo observaran).

 

En el segundo caso, en el caso de que tu hijo no coma alimentos sanos, debes saber que no es un problema de actitud.Tampoco es genético.

 

Te diría que, en mi opinión, el mundo en el que vivimos y la falta de conciencia que en general tenemos hacia lo que es salud (y por tanto, una alimentación saludable) está acabando con el potencial que una simple manzana tiene para despertar el entusiasmo de un niño.

¿Por qué un niño no tiene interés en la comida sana?

Voy a hablar refiriéndome a los niños pero básicamente esta información se puede extrapolar a todas las personas independientemente de su edad.

 

Biológicamente estamos diseñados para sentir placer hacia la comida.

 

¿Por qué? Porque esto asegura nuestra supervivencia. 

 

Necesitamos comer para sobrevivir y si la comida no te proporcionara placer, pues a ti ni fú ni fa, estarías más entretenido en otras cosas y es probable que te olvidaras de comer.

 

Por lo tanto, la comida nos da placer.

 

Toda la comida: Una manzana, una zanahoria, una espinaca, una merluza…Absolutamente toda la comida tiene el potencial de proporcionarnos placer.

 

Hay alimentos que nos proporcionan más placer que otros. Por ejemplo todos los cereales o derivados (pan, pasta, arroz…), todos los alimentos dulces (las frutas por ejemplo) o todos los alimentos ricos en grasa (imagina un buen chuletón, queso, unos frutos secos…).

 

¿Por qué estos alimentos nos proporcionan más placer?

 

Porque son alimentos que nos proporcionan energía de una forma más rápida y que nos proporcionan más calorías (lo cual no quiere decir que sean más sanos ni más necesarios, simplemente quiere decir lo que textualmente he dicho).

 

Eso, a día de hoy, en el mundo en el que vivimos no nos aporta nada, pero imagínate que durante prácticamente toda nuestra evolución como seres humanos, no hemos vivido como ahora, con acceso constante a alimentación y sobreestimulación alimentaria, sino que vivíamos en la naturaleza, en ambientes hostiles donde no siempre podíamos acceder a comida, así que no nos venía mal guardar algunas reservas de grasa en forma de michelín o tener un chute de energía rápida cuando llevábamos 2 días sin comer.

 

¿Y los  productos procesados?

 

Los productos procesados están biológicamente diseñados para despertar nuestros instintos más primarios. Una mezcla de azúcares, grasas, potenciadores de sabor y porquerías varias a las que, por nuestra propia naturaleza, nos cuesta mucho resistirnos.

 

Aquí la pregunta del millón…Si cualquier alimento sano tiene el potencial de darnos placer, ¿Por qué hay niños que rechazan esos alimentos?

 

Básicamente, porque pueden permitirse ese lujo.

 

Nosotros no comemos sólo por necesidades fisiológicas. Emociones, sentimientos, aprendizajes neuronales y otra gran cantidad de factores entran en juego cada vez que hacemos una elección alimentaria.

 

Para un niño, viviendo en el mundo en el que vivimos, es mucho más sencillo comer mal que comer bien.

 

Y cómo tiene tanto a su alrededor donde elegir, y cómo se han acostumbrado a eso, y como desde el inicio de su alimentación han podido ser selectivos y su paladar ha sido acostumbrado a determinados sabores y texturas y ambientes y un largo etc… A día de hoy el resultado es que tenemos un problema importante con la alimentación infantil.

¿Cómo lo solucionamos?

La estrategia fundamentalmente usada para mejorar la alimentación de una persona suele basarse en restringir. Informarse de lo que no es bueno comer y evitar comerlo.

 

Fin de la estrategia.

 

Perfecto, está claro que hay que dejar de comer determinadas cosas que no son sanas, pero si nuestra estrategia se basa solamente en esa premisa, es muy pobre y no está a la altura de las circunstancias.

 

Es muy pobre básicamente porque nuestro cerebro ya ha desarrollado una serie de aprendizajes con respecto a esos alimentos o productos que queremos evitar consumir, porque estos aprendizajes están fuertemente reforzados, porque como he comentado anteriormente estamos biológicamente diseñados para querer consumir determinados alimentos, porque estamos bombardeados continuamente por señales que atraen nuestra atención hacia esos productos (publicidad, supermercados y tiendas de comestibles en cada esquina, estanterías de casa repletas de procesados, etc…), y por muchas cosas más.

Alimentación Consciente

Aquí es donde entra en juego lo que yo llamo Alimentación Consciente (y tu puedes llamar como te apetezca y sientas).

 

¿Y si trabajáramos, no sólo en evitar que nuestros hijos dejen de consumir determinados alimentos que no nos interesan, sino en conseguir que vuelvan a sentir placer por aquellos alimentos que sí nos interesan?

 

Esto se puede hacer, es la mejor estrategia que conozco y doy fé de que funciona.

 

Si la haces desde el principio de la alimentación tienes mucho, mucho ganado. Si empiezas a hacerla cuando tu peque ya no es un bebé y ya rechaza muchos alimentos, no será tan fácil pero será un trabajo que poco a poco y a la larga te aseguro que se verá recompensado.

 

¿Cómo funciona?

 

Aquí es importante que entiendas que cuando comes, no sólo sientes el placer del alimento, sino que memorizas todo el contexto que lo acompaña.

 

Es decir, cuando un papá ofrece una galleta a un niño, el niño no sólo va a sentir el placer de la galleta, sino que va a memorizar en qué lugar se la ofrecieron, va a memorizar la sonrisa de papá, el tacto, el olor, la ilusión del momento, etc…

 

Todo ese contexto va a hacer que ese niño en concreto genere un sentimiento muy concreto hacia ese alimento (hacia esa galleta en este ejemplo).

 

¿Y si ponemos la misma ilusión en los alimentos sanos? ¿Y si creamos todo un contexto alrededor de la comida?

 

¿Y si dotamos a la alimentación sana de un significado más allá del simple placer instantáneo? De recuerdos, de tradición, de diversión, de juego…

 

Si sabemos perfectamente que un niño aprende y se relaciona con el mundo a través del juego, ¿Por qué no trabajamos en crear un ambiente propicio para qué tu hijo se interese y se relacione con la comida sana a su ritmo y respetando sus capacidades?

 

Desarrollar un estado de calma para que nuestros hijos estén más abiertos a enfrentarse a esos alimentos que rechazan es algo que se puede hacer a través de la respiración y sobre todo, a través de un acompañamiento adecuado.

 

Pequeños juegos adaptados a su edad para que poco a poco tomen conciencia de su cuerpo, de sus emociones, de sus miedos, de sus necesidades nos pueden ayudar.

 

Pero olvídate de poner reglas ni de proponer nada, olvídate de tus juicios y tus expectativas…Simplemente haz y permite que tu hijo se una a ti si él quiere. Deja que su curiosidad despierte de forma natural.

 

Crea un ambiente en casa en el que sólo tengan cabida alimentos en su formato lo más natural posible.

 

Y a partir de aquí, pon a su disposición la oportunidad de divertirse y experimentar, de nuevo, sin juicio alguno.

 

Déjale tocar, mezclar, sentir, oler, probar. 

 

Ayúdale a conocer el nombre de las cosas, la interconexión de todo lo que hay en la naturaleza, sus infinitas posibilidades…

 

Déjale que pregunte, ofrécele respuestas si te las pide.

 

No hagas esto eventualmente, cómo una actividad graciosa para hacer de vez en cuando. Comemos cada día, varias veces al día, dale a la comida la importancia que se merece.

 

Permítele comer sólo comiendo. Ayúdale a tener una atención plena en la alimentación con todos sus sentidos puestos en ella para permitirse poder encontrar ese placer que una simple zanahoria puede ofrecerle.

 

Eso quiere decir quitar todo lo que interfiere en esa atención.

 

Los niños tienen una capacidad natural para entrar en un estado de flow de manera sencilla e inmediata, pero hacemos que la pierdan al sobreexponerlos a estímulos: dispositivos electrónicos, libros, dibujos, charla exagerada, malos rollos en la mesa, discursos educativos… 

 

Déjale simplemente comer y sentir.

 

Crea vuestra propia historia y cultura alrededor de la comida. Vuestras propias recetas, vuestras historietas, vuestros rituales.

 

Preséntale alimentos de temporada, dale la oportunidad de jugar con ellos, muéstrale las infinitas posibilidades que cada alimento puede ofreceros: texturas, cocciones, mezclas, colores, sensaciones…

Un ejemplo

Déjame, para terminar, que te ponga un pequeño ejemplo.

 

Podrías ofrecer a tu pequeño una infusión de Rooibos o de diferentes hierbas, por ejemplo.

 

Se la podrías preparar con mucho cariño y luego llevarle un vasito con su sobre de infusión para que se lo tomara mientras juega o mientras ve los dibujos.

 

Eso estaría bien y no veo ningún problema.

 

Pero déjame que te proponga otra opción que me gusta más.

 

Puedes invitarle a preparar la infusión juntos. Puedes coger una tetera y disponerla en una bandeja con 2 vasitos.

 

Puedes tener una variedad de infusiones con diferentes sabores y propiedades en botecitos de cristal y puedes permitirle elegir, abrir cada bote y dejarle oler y tocar.

 

Podéis llevaros la bandeja con todo preparado a otra habitación donde os dé el sol y os podéis sentar juntos en el suelo o en la mesa.

 

Puedes servir un poco de infusión en cada uno de vuestros vasitos y podéis inventar historias que os ayuden a entender el placer que esa infusión os puede dar, la tradición que hay detrás de esas hierbas, la importancia que tiene la naturaleza…

 

Podéis respirar juntos, acercaros el vasito a la nariz para oler esa infusión, cerrar los ojos y tomar ese primer trago muy despacio y a la vez.

 

Podéis compartir un momento único e irrepetible, íntimo y emocionante alrededor de una simple taza de té.

 

Si este formato te parece muy “místico” déjame decirte que probablemente no te has dado (y no le has dado) la oportunidad de vivir una infusión así. Ojalá que pruebes.



Recuerda que al mundo podemos y debemos adaptarnos, pero también podemos moldearlo a nuestra medida para hacerlo mejor.

 

Espero que puedas entender mejor en que se basa la “alimentación consciente”, pero sobre todo espero que dejes de leer y empieces a experimentarla ya 🙂

Si quieres saber más sobre esta forma de vivir la alimentación te invito que entres a mi comunidad gratuita abajo.

 

Y si vives en Cartagena y te interesa que tu peque asista a una actividad extraescolar de Alimentación Consciente conmigo en un entorno único puedes escribirme para más información.

 

Empezamos en octubre y este es el email de contacto:  tania@taniaclemente.com

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