La semana pasada estaba en el comedor de un centro escolar justo a la hora de la comida (no me preguntes por qué, es largo).

 

Este era el plan:

 

Aproximadamente unos 25-30 niños entre 3 y 6 años aproximadamente, no los conté. 2 cuidadoras.

 

La comida: Un especie de puré, intuyo que de garbanzos con alguna verdura suelta y algún trozo de garbanzo sin triturar.

 

No sé si estaba rico o no, no lo probé. Lo que sí sé es:

 

1 – Niños de esa edad no deberían estar comiendo puré.

 

2 – Lo hacen así para que los niños coman más, pero el aspecto de ese plato era absolutamente repugnante.

 

Y te habla una persona que no es nada delicada para la comida, me pongo lo que me pongan delante y todo me gusta, pero de verdad, hay purés y purés, y el color y la textura de ese plato eran asquerosos.

 

Sigo,

 

Una de las cuidadoras sentada directamente al lado de una niña que tendría 4-5 años (a ojo de buen cubero diría 5).

 

Dándole de comer directamente con una cuchara (a una niña de 5 años, repito).

 

La niña, mirando al infinito, sin expresión ni emoción ninguna en el rostro. Abría la boca, cogía lo de la cuchara que se le ofrecía, cerraba la boca y empezaban a darle arcadas.

 

La cuidadora hacía como si no pasara nada, no le decía nada, no la tocaba, simplemente cogía otra cucharada.

 

La niña tragaba, seguía mirando al infinito sin protestar y volvía a abrir la boca.

 

Vi como la niña se comía así unas 5 cucharadas, sin decir nada, con el mismo gesto impasible y las mismas arcadas cada vez que una cucharada entraba en su boca.

 

 Y por suerte para mí, llegó la hora de irme, porque ya no quería seguir viendo más.

 

Esto no lo he visto ni una vez, ni dos, ni tres. Lo he visto muchísimas veces, en diferentes centros escolares y también en padres comiendo con sus hijos.

 

El padre o la madre que llega a ese centro escolar, recibe un papelito en el que le dicen: “tu hija hoy se ha comido todo el guiso” o le dirá la seño: “hoy ha sido una campeona y se ha comido todo”.

 

De nuevo un juicio hacia esa niña.

 

Una nueva etiqueta que anula sus necesidades y su personalidad para convertirla en la persona que nosotros queremos que sea.

 

Y la madre se va contenta a casa, porque su hija está “bien nutrida”.

 

Y en casa, cómo funciona el método, vuelve a repetirlo, porque nos han dicho que nuestros hijos tienen que comer sea como sea.

 

Esta historia es 100% real y llevo una semana que cada vez que la rememoro se me hace un nudo en el estómago.

 

Que injusto hacerle esto a un niño. Que injusto tratarlo como un cero a la izquierda. Que injusto ignorar todo lo que está sintiendo y hacer como que no vemos, como que no pasa nada.

 

Que injusto hacer a los padres pensar que esa es “la forma” de conseguir que un niño coma bien y crearles una falsa tranquilidad.

 

¿Qué tipo de relación va a tener esa niña con la alimentación a la larga?

 

¿Crees que eso va a ir a mejor? ¿Que llegará un momento en que todo pasará solo y empezará a comer lo que “tu piensas que debe comer”?




Comer bien no es eso.

 

Comer bien es disfrutar la comida, sentirte alegre delante de un plato, cuidarte.

 

Y eso no se consigue obligando o anulando a un niño.

 

Prefiero mil veces a un niño que llora y patalea delante de un plato que a un niño que ha perdido toda esperanza y simplemente mira al infinito para intentar olvidar lo que está sucediendo.

 

Por favor, te pido que dejes de buscar que tu hijo coma bien ahora mismo y empieces a pensar en qué tipo de relación quieres que tenga con la comida a largo plazo.

 

En cómo quieres que se sienta cuando coma.

 

El placer por la comida es algo innato a nuestra propia naturaleza. Un derecho del que todos podemos y debemos disfrutar. Cuando un niño no lo está haciendo, es que algo falla en el ambiente que le rodea, no es que algo falle en el niño.

 

El niño está bien, pero está respondiendo al ambiente.

El cambio, por tanto, no debe ser hacia el niño, sino hacia el contexto.

 

Es muy común oír hablar a las personas sobre “mejorar la alimentación infantil”, conseguir que los niños “coman mejor”, y después de eso, focalizarse sólo en el niño.

 

Pero el cambio empieza por uno mismo, asumiendo nuestra responsabilidad hacia la protección de la infancia.

 

El niño no tiene la obligación de comer bien. 

 

El niño tiene un derecho fundamental (disfrutar la alimentación sana) que de alguna manera le ha sido robado por el peso de la sociedad en la que vivimos.

 

Y esa sustracción de su derecho fundamental conlleva una serie de consecuencias: La principal, tenemos un niño que no puede desarrollarse en unas condiciones de salud óptimas, un niño que está creando hábitos perniciosos que perdurarán durante el resto de su vida, un niño que no tendrá capacidad de elección, un niño que va a ser analizado y criticado constantemente.

 

Como digo, el cambio empieza por nosotros mismos: 

 

¿Cómo te sientes tú hacia la comida sana? ¿Eres capaz de motivar y entusiasmar a tu hijo con la comida? ¿Has sabido crear un entorno adecuado para él en lo que a alimentación se refiere? ¿Qué puedes hacer para mejorarlo? ¿Has sabido establecer límites adecuados y que velen por la protección de sus necesidades?

 

Son preguntas duras, pero es necesario responderlas. No para juzgarnos, sino para poder seguir avanzando en la dirección adecuada.

 

¿La sociedad te lo pone difícil? Sí, ¿Quién dijo que fuera fácil?.

Puedes vivir quejándote de eso, o puedes cambiar lo que está en tu mano. 



Sobre los comedores escolares, y le pese a quien le pese, también tengo una cosa que decir.



Es necesario, desde ya, por el bienestar y la salud de los niños, que cambie mucho la alimentación que se presta y el trato que se da a los niños.

 

Si, estoy segura de que hay algunos comedores que serán maravillosos, pero no son la mayoría.

 

Cuando una familia decide dejar a su hijo en un comedor escolar, debería ir más allá de ver el menú que cuelgan en el tablero de información.

 

Visita el comedor, responsabilizate de tu hijo de una forma real: ¿Se está poniendo la comida que aparece en el menú? ¿Esa comida tiene buen aspecto? ¿El ambiente del comedor es agradable? ¿Cómo se trata a los niños?

 

Todo eso son preguntas que debemos hacernos.



Hay familias que dejarán a sus hijos al comedor escolar por pura necesidad, porque a veces nos es imposible llegar a todo, pero también conozco familias que llevan a sus hijos al comedor escolar como una estrategia para que el niño coma mejor.

 

Para mí esto es un problema. Estamos delegando responsabilidades que son nuestras.

 

El niño no come cómo tu deseas por el contexto que ha vivido desde que inició su alimentación, y llevarlo al comedor no hace que ese contexto cambie.

 

El trabajo está en identificar los problemas y trabajar en un cambio a nivel familiar, no en llevarlo al comedor para que se ocupen allí.

 

Llevar a un niño a un comedor, llevarlo a clases, llevarlo a un terapeuta podrían ser estrategias eficaces dependiendo de las circunstancias, pero no puede ser la única estrategia.

 

Deben ser un complemento a la estrategia principal: El trabajo que vamos a realizar en casa, primero sobre nosotros mismos, y luego con el niño.

 

Basta ya de juzgar a los niños, de robarles sus derechos, de etiquetarlos con “bien” o “mal”, de responsabilizarlos de cosas sobre las que no han tenido elección, de estar enfadados con ellos, de culparlos.



El trabajo empieza ya, y empieza en nosotros, en el seno de la familia. Podemos y debemos brindarle a nuestros hijos esa oportunidad.

Si quieres saber más sobre esta forma de vivir la alimentación te invito que entres a mi comunidad gratuita abajo.

 

Y si vives en Cartagena y te interesa que tu peque asista a una actividad extraescolar de Alimentación Consciente conmigo en un entorno único puedes escribirme para más información.

 

Empezamos en octubre y este es el email de contacto:  tania@taniaclemente.com

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