Mi niño está malo, ¿Qué puede comer?

De partida, dejar claro que aquí estamos hablando de una enfermedad aguda, transitoria. Es decir, un virus pasajero, algo que te ha sentado mal, un constipado, que se yo… 

 

Nada aplicable a niños o adultos que tienen una enfermedad crónica porque en ese caso hay que individualizar la dieta según las circunstancias de cada cual.

 

Todo lo que vamos a hablar aquí es pura lógica aplastante, lo que pasa es que a veces se nos olvida la lógica porque nos han acostumbrado a que nos digan lo que tenemos que hacer, y dejarnos guiar por nuestros instintos casi que nos da miedito.

 

Cuando yo intento tomar una decisión con respecto a mis hijos, lo primero que hago es intentar ponerme en su lugar y pensar que me sucedería a mí en tales circunstancias.

 

Así que si pienso en “qué necesito comer yo” o “qué necesito hacer yo” cuando estoy pasando una gastroenteritis por ejemplo, lo primero que se me ocurre es que quiero dormir.

 

Quiero dormir sin que nadie me dé la tabarra y levantarme cuando me dé la gana.

 

También quiero hacer lo mínimo e indispensable y tener a algún fiel criado a mi lado que me traiga hasta un vaso de agua (¿Javi?).

 

Y sobre todo no quiero comer.

 

A veces me he sorprendido a mi misma enferma levantándome para comer con mi malestar y mis dolores de barriga y todo, y sentándome a comer y pensar “¿Por qué estoy comiendo si no tengo ganas y tiene toda la pinta de que me va a sentar mal?”

 

Eso se llama de manera coloquial “fuerza de la costumbre”. Lo haces porque estás acostumbrado a hacerlo, porque a la hora de comer uno se sienta en la mesa y come, porque somos seres humanos y estamos programados para sentirnos continuamente impulsados a comer.

 

También lo hacemos porque estamos tan desconectados de nuestro cuerpo que ni lo escuchamos. Nos han dicho que hay que comer y comemos. Nos han dicho que hay que lavarse y ni pensamos si estamos sucios o limpios, nos lavamos y ya. Nos han dicho tantas cosas que aquí nadie se cuestiona nada.

Vamos con lo esencial:

En un proceso de enfermedad tu sistema inmune está luchando y necesitamos utilizar toda nuestra energía para llevar a cabo esa lucha.

La digestión requiere mucha energía, al igual que otros procesos, por eso nuestro cuerpo, en circunstancias normales y de equilibrio, preferirá dejar de comer, al igual que preferirá dejar de andar o de hacer lo que sea.

 

Nuestro cuerpo va a entrar en modo letargo para ocuparse de luchar contra la enfermedad.

La hidratación es importante.

Si hay vómitos o diarrea, nuestro cuerpo está perdiendo agua. Tendremos que estar pendientes de que a los niños (sobre todo si no saben hablar) no les falte líquido. Cuando una persona está deshidratada se nota: tocas la piel y no tiene flexibilidad, labios secos, no hay lágrimas…

 

Tendremos que utilizar sueros de rehidratación oral si es necesario. Si no hay deshidratación o es cuestión de 1 día, estar pendientes de que el niño beba agua (que además le ayudará a controlar la fiebre).

 

Si es un bebé lactante, estará en la teta todo el tiempo que necesite (porque además es protectora).

Nuestro cuerpo (probablemente) no quiera comer.

Como he dicho, tu cuerpo está luchando contra la enfermedad y probablemente no tengas hambre. A eso hay que sumarle que habrá malestar digestivo y que necesitamos dejar que el sistema digestivo descanse y se recupere. Lo más normal es que un niño no tenga hambre y hay que respetarlo.

 

Te lo recuerdo: somos seres humanos y además seres sociales. Si estás todo el rato ofreciéndole comida al niño, es posible que al final acepte por cansina, o porque le cueste resistirse, o porque prácticamente le estemos chantajeando con cosas que sabemos que le gustan mucho, o porque nos quieren ver contentas, o porque está aburrido.

 

Entiendo que nos preocupa que nuestros hijos coman y estén bien, pero ya te digo que va a estar bien aunque no coma, así que antes de ofrecerle 300 veces comida al día pregúntate:

 

¿Lo estoy haciendo por su bien o lo estoy haciendo para cubrir mi necesidad de estar tranquila?

Dieta blanda sin evidencia

La última revisión de estudios del año 2020 basada en 17 ensayos controlados nos dice con respecto a la dieta blanda o baja en fibra:

 

“No se recomienda una dieta especial, la llamada «Heilnahrung» (que incluye alimentos sin lactosa y bajos en calorías) y «dietas para la diarrea», micronutrientes, dilución de fórmula para bebés, tés especiales y ayuno”

 

O en otras palabras: No hay evidencia de que ningún tipo de dieta específica sirva en particular. 

 

El niño debe comer tal y como come habitualmente (siempre que su dieta sea sana, equilibrada y nutritiva, claro).

 

En diferentes estudios que he podido revisar a lo largo de los años, tanto en adultos como en niños, se evidencia perfectamente cómo el ser humano, en circunstancias normales, sabe elegir por sí solo y de forma instintiva los alimentos que mejor le van o cuyos requerimientos nutricionales necesita cubrir.

 

Es decir, creo firmemente que sabemos cuidarnos por nosotros mismos. Los niños también, incluso más que los adultos.

 

Esto sucederá si estamos en equilibrio, si nuestro sistema de base es bueno. Si estamos acostumbradísimos a comer basura a diario o cosas que son productos, pero no son alimentos, entonces estamos hormonalmente locos y no sabemos ni lo que queremos.

Los alimentos no son sólo nutrientes

Te diría que a nivel teórico no hay evidencia de que sea mejor un tipo de alimento u otro para recuperarnos de una enfermedad, pero a nivel práctico pienso que sí.

 

Como he dicho, la comida no es sólo nutrirnos, es amar, cuidar y compartir. 

 

A mí, personalmente, en momentos de recuperación, un caldo suave me alegra el alma y me hace feliz. Unas migas de pechuga de pollo, un poquito de zanahoria o patata, una tortilla francesa.

 

Son alimentos que me reconfortan y sé que a mi estómago le sientan bien. Representan bienestar y cuidado por parte de otras personas o hacia mí misma.

 

Cada cual tendrá esos alimentos que le hacen sentir querido y cuidado, busca los tuyos o deja que tu hijo te exprese los suyos.

 

Además, eliminaría durante unos días alimentos que sé que son agresivos con el tubo digestivo para mimarlo mucho y ayudarle: Obviamente fuera procesados bien cargaditos de azúcar, aditivos y otras porquerías, mucha grasa puede ser difícil de digerir en ese momento (frutos secos, carnes o pescados grasas, exceso de aceite…), el gluten y los lácteos, quizás las legumbres a algunas personas, etc…

 

¿Hay evidencia? No, pero para mi es cuestión de lógica, aunque como te he dicho, quizás a tí personalmente un yogur natural te siente genial, si es así, tómatelo, tú te conoces mejor de lo que yo te conozco.

CONCLUSIONES:

Deja a tu peque que se recupere, no te preocupes porque coma, le puedes ofrecer un par de veces al día, pero no le estés insistiendo continuamente porque comerá sólo para agradarte.

 

Ocúpate de que esté hidratado, de que tenga la lactancia (materna o artificial) a su disposición si es lactante, de cuidarle mucho y mimarle, pero sobre todo de dejarle descansar.

 

Cuando quiera comer, escucha lo que te pide u ofrécele dentro de un abanico de alimentos suaves y reconfortantes para que elija lo que le pida el cuerpo.

 

Sobre todo no le empieces a ofrecer todo tipo de porquerías sólo para que coma. Eso no es cuidarle, es chantaje para sentirnos tranquilas.

 

Poco a poco se irá recuperando y todo volverá a la normalidad.

 

Sobre todo no sufras por la comida.

¿ESTE POST RESUENA CONTIGO? PUEDES COMPARTIRLO EN LOS SIGUIENTES ENLACES:

Share on facebook
Facebook
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on telegram
Telegram
Share on email
Email
Share on twitter
Twitter

COMUNIDAD PRIVADA

Si quieres formar parte de una comunidad de miles de personas y estar al día de todas las novedades en alimentación familiar pincha aquí

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *